
Hace unas semanas tuve dos conversaciones en el mismo día que me dejaron pensando bastante rato.
Cuando eres profesor de inglés novel, la IA no es magia: necesitas un punto de partida
La primera fue con una profesora novel, con un par de años de experiencia. Me contó que había intentado usar la IA para corregir writings de sus alumnos, pero que se había sentido completamente perdida. No sabía si el resultado era fiable (spoiler: la IA es demasiado generosa con las notas en writings), no sabía cómo explicarles a sus alumnos qué había hecho la IA y qué no, y finalmente acabó abandonándola porque le generaba más inseguridad que ayuda. Su problema no era la IA. Era que nadie le había enseñado por dónde empezar.
Qué puede aportar la IA a un profesor de inglés con experiencia
La segunda fue con un profesor con casi veinte años de experiencia. Este me dijo algo muy distinto: “Yo ya sé corregir writings, no necesito que una máquina me lo haga.” Y tiene razón. Con su nivel de experiencia, la IA no le va a enseñar a corregir mejor, aunque sí le puede ofrecer una primera corrección con información muy útil en segundos. Por otro lado, podría usar la IA para generar material personalizado para sus alumnos en cuestión de minutos. Su problema no era la IA tampoco. Era que nadie le había mostrado para qué cosas podía usarla.
Dos profesores. Dos realidades. Dos necesidades completamente distintas.
La profesora novel necesita un punto de partida. Para ella, la IA puede ser un ayudante que le ahorre tiempo en la primera capa de corrección, siempre con revisión posterior, como ya hablamos en un post anterior. Pero antes de poder usarla así, necesita entender qué puede hacer y, sobre todo, qué no puede hacer. Si no tiene esa base, la IA solo le genera dudas.
El profesor experimentado necesita un salto de nivel. Para él la IA no tiene sentido como sustituto de lo que ya hace sobradamente bien. Donde sí tiene sentido es en otro sitio: en crear materiales adaptados, en generar ejercicios que en otro momento le tomaría mucho tiempo preparar, o en diseñar actividades más personalizadas para cada grupo o alumno. Su problema nunca fue la corrección. Fue que nadie le mostró que la IA puede hacer mucho más que corregir.
El verdadero problema con la IA en educación: nadie nos ha enseñado a usarla
En los dos casos comentados ocurre lo mismo. El miedo a lo desconocido, un rechazo por desconfianza en algo que nadie nos ha enseñado. Mucha gente actúa en función de lo que va escuchando por ahí, con amigos o en la sala de profesores. Yo siempre he sido de conocer las cosas por mí mismo para tomar una decisión con criterio, pero no todos pensamos ni actuamos igual.
Mi consejo: tanto si eres un veterano de la enseñanza, como si eres un profesor que está empezando, no tengas miedo. Acércate poco a poco. Piensa dónde te podría ayudar la IA, porque la IA tiene sentido y utilidad distinta según el momento en que te encuentras en tu carrera y según lo que realmente necesitas ahora. No es un “one size fits all”.
En English AI Academy lo tenemos claro: no formamos a todos igual. Porque no todos necesitan lo mismo. Evaluamos contexto y situación y luego nos ponemos a trabajar. Si quieres que veamos juntos por dónde entra la IA en tu día a día, escríbenos a info@englishaiacademy.com.